Subsidiar la construcción de soberanía cultural
En Revista TransformARG, octubre de 2014
En una época en la que el imperialismo se ha
desmaterializado, sosteniendo la ocupación territorial por medio de unidades no
tripuladas y armamento de control remoto, la colonización pedagógica, que
vuelve a los pueblos contra sus propios intereses en una suerte de Síndrome de
Estocolomo perverso adquiere una relevancia troncal para el proyecto de
dominación a escala mundial que se ha trazado el anarco capitalismo.
La
sustitución simbólica con la que operan estos poderes concentrados a través de
la industria cultural, los medios de comunicación y la publicidad reproduce
desviaciones sociales introduciendo (des)valores que configuran un sistema de
comportamiento confluyente en un proyecto cultural que es la antítesis exacta
de nuestro paradigma humanista de la Comunidad Organizada.
En
este marco de feroz apabullamiento de nuestra(s) identidad(es) americana(s), la
intervención del Estado por medio de políticas activas adquiere relevancia
estratégica. Estamos en emergencia semiótica.
La
dinámica cotidiana de circulación y consumo de lo simbólico está determinada
por la hegemonía de contenidos, no solo de factura extraregional sino,
fundamentalmente, inoculadores de una forma de ver el mundo donde el
individualismo y el hiperconsumismo imperan.
Las
nuevas generaciones están particularmente operadas por esta mecánica. Más allá de los enormes esfuerzos y
concreciones de iniciativas como Paka Paka, la configuración de las
subjetividades de nuestros niños y niñas esta signada por los designios de las
multinacionales que, usando a Miami como virtual “capital de Latinoamérica”
-como explícitamente la nombran- proceden a una homogeneización del espectro
regional en lo que a consumos culturales respecta.
Esta
búsqueda de “equiparar para abajo” una región conformada culturalmente con
una riqueza de “unidad en la diversidad”
tiene por objetivo consolidar y profundizar las relaciones de poder en términos
de dominación; tanto inter Estados –con las primacías que habrán de sospechar-
como también hacia dentro de los mismos, reproduciendo injusticias y aumentando
márgenes de exclusión.
Es
menester de nuestro movimiento político pensar -en este particular momento
donde se detenta el poder institucional y se disputa el poder real-
dispositivos de intervención activa por parte del Estado para este tipo de
problemáticas.
La
Presidenta, que acaba de ratificar la alta valoración que le da a la “batalla
cultural” en la actual instancia del proceso político con la creación del
Ministerio de Cultura, precisa que el campo cultural se de a si mismo niveles
de organicidad de los que carece para poder avanzar sobre estas cuestiones. La
forma en la que nuestro país está liderando en el plano de la política
internacional la disputa con los Fondos Buitre es (una) muestra (más) de que no
escasea el coraje.
En
este sentido, se vienen desarrollando políticas en países hermanos que vale la
pena considerar. En el caso de Brasil -
avanzando en lo que a políticas culturales para el pleno ejercicio de los
derechos culturales refiere- con el nombre de “ciudadanía cultural” se
implementó una política de transferencia directa para subsidiar consumos
culturales bajo el nombre de Vale Cultura-.
Si bien habría que revisar las características de aplicabilidad para
adaptar una medida semejante en nuestro país, el hecho de que el Estado esté
invirtiendo presupuesto público para facilitar el acceso a bienes y
experiencias culturales por parte de sectores determinados de la sociedad
parece un camino interesante a desandar.
En
el caso brasilero, por presentar características muy diferenciadas en lo que a
colonización cultural respecta, la matriz de “lo nacional” en la política de
estímulo no se presenta con el vigor primario que uno imagina para una
iniciativa de similar talante en nuestro país. Otra característica es el hecho
de que –a la usanza de algunas leyes de mecenazgo en la Argentina- la decisión
de utilizar la herramienta recae en privados.
Más
allá de las cuestiones particulares, vale la pena mencionar que Chile ha
desarrollado un estudio de factibilidad para pensar una política similar. En
nuestro país, con el antecedente de la Asignación Universal por Hijo y las
capacidades que la ANSES ha desarrollado con la implementación de diferentes
políticas sociales, se podría pensar -con cierta facilidad técnica de
implementación- la posibilidad de que el Estado destine recursos ciertos para
que nuestros jóvenes y niños consuman cultura nacional y de la Patria Grande.
Entendemos
que esto configura una necesidad urgente para restringir los procesos de
aculturación y reforzar la autoestima nacional, construyendo niveles de
soberanía cultural que prefiguren las capacidades necesarias para el destacado
rol que este mundo multipolar nos presenta como oportunidad histórica en los
albores del siglo: una política efectiva de sustitución de importaciones
simbólicas.
No hay comentarios:
Publicar un comentario