sábado, 2 de enero de 2016

Subsidiar la construcción de soberanía cultural

Subsidiar la construcción de soberanía cultural

En Revista TransformARG, octubre de 2014

En una época en la que el imperialismo se ha desmaterializado, sosteniendo la ocupación territorial por medio de unidades no tripuladas y armamento de control remoto, la colonización pedagógica, que vuelve a los pueblos contra sus propios intereses en una suerte de Síndrome de Estocolomo perverso adquiere una relevancia troncal para el proyecto de dominación a escala mundial que se ha trazado el anarco capitalismo.

La sustitución simbólica con la que operan estos poderes concentrados a través de la industria cultural, los medios de comunicación y la publicidad reproduce desviaciones sociales introduciendo (des)valores que configuran un sistema de comportamiento confluyente en un proyecto cultural que es la antítesis exacta de nuestro paradigma humanista de la Comunidad Organizada.

En este marco de feroz apabullamiento de nuestra(s) identidad(es) americana(s), la intervención del Estado por medio de políticas activas adquiere relevancia estratégica. Estamos en emergencia semiótica.

La dinámica cotidiana de circulación y consumo de lo simbólico está determinada por la hegemonía de contenidos, no solo de factura extraregional sino, fundamentalmente, inoculadores de una forma de ver el mundo donde el individualismo y el hiperconsumismo imperan.

Las nuevas generaciones están particularmente operadas por esta mecánica.   Más allá de los enormes esfuerzos y concreciones de iniciativas como Paka Paka, la configuración de las subjetividades de nuestros niños y niñas esta signada por los designios de las multinacionales que, usando a Miami como virtual “capital de Latinoamérica” -como explícitamente la nombran- proceden a una homogeneización del espectro regional en lo que a consumos culturales respecta.

Esta búsqueda de “equiparar para abajo” una región conformada culturalmente con una  riqueza de “unidad en la diversidad” tiene por objetivo consolidar y profundizar las relaciones de poder en términos de dominación; tanto inter Estados –con las primacías que habrán de sospechar- como también hacia dentro de los mismos, reproduciendo injusticias y aumentando márgenes de exclusión.
Es menester de nuestro movimiento político pensar -en este particular momento donde se detenta el poder institucional y se disputa el poder real- dispositivos de intervención activa por parte del Estado para este tipo de problemáticas.

La Presidenta, que acaba de ratificar la alta valoración que le da a la “batalla cultural” en la actual instancia del proceso político con la creación del Ministerio de Cultura, precisa que el campo cultural se de a si mismo niveles de organicidad de los que carece para poder avanzar sobre estas cuestiones. La forma en la que nuestro país está liderando en el plano de la política internacional la disputa con los Fondos Buitre es (una) muestra (más) de que no escasea el coraje.

En este sentido, se vienen desarrollando políticas en países hermanos que vale la pena considerar.  En el caso de Brasil - avanzando en lo que a políticas culturales para el pleno ejercicio de los derechos culturales refiere- con el nombre de “ciudadanía cultural” se implementó una política de transferencia directa para subsidiar consumos culturales bajo el nombre de Vale Cultura-.  Si bien habría que revisar las características de aplicabilidad para adaptar una medida semejante en nuestro país, el hecho de que el Estado esté invirtiendo presupuesto público para facilitar el acceso a bienes y experiencias culturales por parte de sectores determinados de la sociedad parece un camino interesante a desandar.

En el caso brasilero, por presentar características muy diferenciadas en lo que a colonización cultural respecta, la matriz de “lo nacional” en la política de estímulo no se presenta con el vigor primario que uno imagina para una iniciativa de similar talante en nuestro país. Otra característica es el hecho de que –a la usanza de algunas leyes de mecenazgo en la Argentina- la decisión de utilizar la herramienta recae en privados.

Más allá de las cuestiones particulares, vale la pena mencionar que Chile ha desarrollado un estudio de factibilidad para pensar una política similar. En nuestro país, con el antecedente de la Asignación Universal por Hijo y las capacidades que la ANSES ha desarrollado con la implementación de diferentes políticas sociales, se podría pensar -con cierta facilidad técnica de implementación- la posibilidad de que el Estado destine recursos ciertos para que nuestros jóvenes y niños consuman cultura nacional y de la Patria Grande.


Entendemos que esto configura una necesidad urgente para restringir los procesos de aculturación y reforzar la autoestima nacional, construyendo niveles de soberanía cultural que prefiguren las capacidades necesarias para el destacado rol que este mundo multipolar nos presenta como oportunidad histórica en los albores del siglo: una política efectiva de sustitución de importaciones simbólicas.

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